Biblia y sangre.

julio 12, 2008

El Génesis nos dice que todo lo que tiene movimiento y vida nos servirá de alimento, precepto que tiene su versión popular: Todo bicho que camina va a parar al asador. Pero el precepto continúa en el versículo siguiente agregando que no habéis de comer carne con sangre.

Claro está que el precepto del Antiguo Testamento sólo será respetado por aquellos que sean devotos bíblicos y será ignorado por los paganos de la antigüedad y por extensión los contemporáneos, no de hoy, sino aquellos que la iniciaron ateniéndonos a la clásica división
de los tiempos históricos que hace comenzar la edad contemporánea a fines del siglo XVIII.

Justamente en uno de los hitos que marcan el comienzo de la era contemporánea, la Revolución Francesa, hay un claro retorno al paganismo, no sólo ritual, sino mítico. El rechazo religioso, engendrado por el liberalismo burgués, cientificista e enciclopedista, encontró eco en la masa popular, los sans-culottes, descamisados revolucionarios, que el odio a la aristocracia lo extendieron al alto clero por aliados y sostenedores de la decadente monarquía.

Las injusticias y la miseria eran innegables, pero el efecto más directo eran las siniestras arengas de jacobinos como Marat, Dantón y Robespierre que ya un año antes de la época del terror (1793/94), en los primeros días de setiembre de 1792, indujeron a los más exaltados y enardecidos a producir horribles y crueles matanzas en iglesias a clérigos y nobles.

No fueron con el escenario del patíbulo y la guillotina, fueron efectuadas con machetes y sables a cientos de víctimas con rarísimas excepciones logradas en un prólogo previo a la ejecución, como ocurrió en el caso del director de los Inválidos (*).

La hija de este noble al momento de ser llevado al patio para ejecutarlo, llegó hasta él abriéndose paso entre los sables desnudos de los enjuiciadores y abrazó a su padre, de tal manera se infiltró que sorprendió a todos y logró un momento de desconcierto por su acción y sus gritos de clemencia, suficiente para que alguien piense en hacerle confirmar su entereza.

Se le presentó un recipiente con sangre de víctimas anteriores y se le propuso beber sangre de aristócrata. La joven la bebió y así salvó a su padre. La Biblia en esos momentos era un material del que todos se desprendían, por convicción o por seguridad se llevaba a las plazas donde se reunían y se quemaban públicamente. Pocos recordaban el precepto sobre la sangre.

(*) El Palacio de los Inválidos, hermoso e imponente edificio es hoy un museo militar. Fue construido durante el reinado de Luis XIV para albergar a los soldados heridos en las guerras.
Fin.
Bibliografía.
Biblia. Antiguo Testamento. Génesis. IX,3,4. Madrid, Ed. Alba, 2001. Parte I.
Thiers, M.A., “Revolución Francesa” Madrid, Mellado, 1845.
Selección y composición: Ernesto Del Gesso.

GUADALQUIVIR.

julio 12, 2008

Primera parte: Geografía e Historia.
Segunda parte: Sus poetas. Bibliografía
Por Ernesto Del Gesso
ernestodelgesso@hotmail.com
…………………………………………….
Primera parte: Geografía e Historia.

El Guadalquivir, río emblemático de la Península Ibérica, tiene sus fuentes entre las sierras de Segura y del Pozo, donde en un pequeño valle se reúnen los deshielos de varios cursos, pero las nacientes del Guadalquivir se reconocen más abajo, en las sierras de Carzola. Desde allí, sus aguas correrán torrentosas por estrechos cauces con cascadas. Luego, con menos furia, corre por la cuenca cavada entre la Sierra Morena —contrafuerte sur de la meseta— y el sistema bético —contrafuerte sur de la península— siguiendo la dirección del encaje montañoso de este a oeste. Pasa por la histórica Córdoba y en la curvatura hacia el sur, ¡Sevilla!, desde donde será navegable, para mediano calado —único en España— hasta su dificultosa salida al mar por la barra de Sanlúcar de Barrameda. Desembocará entre marismas en el Atlántico por la gran apertura costera del golfo de Cádiz. En todo su recorrido, de 657 Kms., sus márgenes fueron pródigas de riquezas para el hombre con sus metales y bosques en el alto curso; cereales y frutales en las fértiles tierras medias y ganaderas en el bajo.
Gran parte de la Historia de España se desarrolló en casi todo su curso, específicamente la del sur ibérico, el país de los íberos, la hoy Andalucía y de todos los pueblos que hicieron la historia de la región. Historia que penetra hasta la misteriosa y legendaria Tartessos o bíblica Tarsis, nombre indistinto de aquella civilización, la ciudad, —aún no ubicada— y el río. La vía fluvial los ponía en comunicación para el intercambio comercial con fenicios, cartagineses y griegos en las factorías y colonias que éstos asentaban en las costas del Atlántico y el Mediterráneo. Apocada la mención de Tartessos continuarán el intercambio cultural con los turdetanos, pobladores de la región con más certeza histórica. Fueron los que recibieron la dominación romana..
La nueva etapa histórica desarrollada por los romanos en la región del río está, como las anteriores, vinculada con la lucha por el dominio del comercio en el Mediterráneo.Los cartagineses, cuyo origen era una colonia fenicia en la costa del norte de África, desplazaron a su metrópolis y más tarde a los griegos. Pero así como Cartago ascendía como potencia en el occidente de este mar, también afloraba su aliada continental europea: Roma. Ésta, después de las llamadas guerras púnicas, en la que el sur ibérico fue base de operaciones cartaginesas, derrota a Cartago y convirte al Mediterráneo en el Mare Nostrum. Luego de conquistado el sur de la península, el territorio de los nativos sucesores de los tartessos, los turdetanos, será la provincia Bética, la de nuestro río, que pasará a llamarse Betis, derivado del fenicio Betsí sobre el que construyeron un puente que aún hoy se conserva a la altura de Córdoba.
Dividido el Imperio Romano en Oriental —Bizancio— y Occidental —Roma—, éste último se agrietó y los bárbaros fueron invadiendo sus dominios. A la península ingresan suevos, alanos y vándalos, estos últimos, antes de pasar a Cartago y matar a quien luego sería San Agustín, se instalan en la Bética, poco tiempo, pero suficiente para darle nuevo nombre a la región que parte de la historiografía adapta como Vandalucía, de Vandalicia toponímico que es cuestionado por algunos historiados. Después ingresaron los visigodos como federados de los romanos, para enfrentar a los invasores. Pero cuando desapareció el poder imperial y ellos fueron desalojados de su original asentamiento en la Galia, se instalaron en la península como reino con capital en Toledo, pero sin dominarla plenamente. Era una minoría de no más del diez por ciento de la población peninsular que conformaban la nobleza y ejército, en permanente actividad contra los nativos y entre ellos en sus luchas por el poder, que era el factor de la inercia y decadencia económica, incluso en la rica Bética. A pesar del acierto hacia la unidad religiosa por la conversión al catolicismo, producida por el rey Recaredo, todo siguió siendo hispanoromano, principalmente en la Bética. Abandonaron su lengua por el latín, la herejía arriana por el catolicismo pero nunca dejaron de luchar entre las familias nobles por el poder real. En uno de estos enfrentamientos uno de los bandos llamó como mercenarios a moros bereberes o berberiscos del África. Éstos, captaron la real situación y llamaron a los jefes árabes. En meses, la nobleza capitulaba para mantener sus tierras y el reino se extinguió, ante dos pequeños ejércitos de bereberes y árabes.
El primer jefe bereber que dio el salto a la península lo hizo por al peñón Calpe, que a partir de allí se llamó de Gibraltar, (monte de Gibal) derivado de Gibal Tarif, nombre de aquel jefe moro, que también dio nombre a la actual ciudad de Tarifa, que en ese momento era una antigua y pequeña población de origen romano.
El río Tartessos, Betsí, Betis, ahora pasará a ser el río grande que en árabe es Wuadi al Kebir, y la región Al Andaluz. Los nuevos nombres responden a los nuevo tiempos y dominadores. El de la región puede ser posible adaptación de Vandalucía, pero como se ha señalado, este origen es discutido, hay quienes lo consideran originario del árabe Andaluz, tierra de occidente. Pero los nuevos nombres no son más que la representación de algo más importante, una nueva cultura, nueva religión islámica —y muy importante— sin extinción y libertad del culto católico y judío. La nueva civilización andalusí, brillará en el triángulo Córdoba, Sevilla y Granada. La nueva era incluye una fuerte revitalización del comercio y la industria y por lo tanto el Wuadi al Kebir retoma su jerarquía, no sólo económica sino de poder político y esplendor cultural. Brinda en sus márgenes la sede del Califato en Córdoba con su mezquita. En Sevilla, se impone La Giralda, el alminar de la mezquita, y la Torre de Oro. Granada, con su Alhambra, está en la falda de la Sierra Nevada no muy lejos, pero alta y de allí el río Geníl baja intempestuoso y la une al Wuadi al Kebir. Por su esplendor, Granada no podía quedar sin contacto con el río de Córdoba y Sevilla.
Pero algunos nobles visigodos no capitularon, huyeron y se refugiaron en las montañas cantábricas. Pasado el impacto bajaron desde Asturias acaudillados por Pelayo a enfrentar a los invasores. Pronto, olvidados de su origen y reino, unidos por la fe católica y sentimiento de hispanos, sus descendientes, luego de 600 años de avances y retrocesos, el proceso histórico de la Reconquista, cercaron al árabe, moro o sarraceno en Granada y lo expulsaron.. Mientras abajo, el Wuadi al Kebir del Al Andaluz ya era el Guadalquivir de Andalucía.
En su salida al mar entre marismas y advirtiendo con su famosa barra de Sanlúcar que el río se acaba, sus aguas fueron testigo y cómplices de las carabelas que salían con las esperanzas de los navegantes al nuevo mundo y de las que llegaban cargadas con el oro y la plata de América a la Casa de Contratación de Sevilla hasta que ésta fue trasladada a Cádiz. Muchos de estos barcos habían sido construidos con las maderas de los bosques del curso alto del río. En su valle, “las enseñas, las armas, los corceles y atavíos de razas imperiosas” como le cantan los hermanos poetas que veremos en la segunda parte, tuvieron su imagen en el ejército invasor napoleónico que quedó atrapado en ese histórico y hermoso valle. ¡Y lo derrotaron en Bailén! La gran batalla de la llamada guerra de la independencia española en la que tomó parte nuestro futuro general José de San Martín. Y, desde las sierras, aclamaban el triunfo los famosos guerrilleros españoles, puntas de lanzas en esa guerra. Luego, muchos de ellos serán gitanillos que harían escuchar su flamenco. También el valle y su río sufrieron la tristeza y el dolor de la guerra civil. El nombre del río llegará a América y será el de algunos de los que iban encontrando los conquistadores y colonizadores, en nuestras tierras, así llamaron al Chubut.

Segunda parte: Sus poetas.

Así como en la primera parte se ha hecho un sucinto resumen de la geografía e historia del Guadalquivir, también en esta segunda parte debemos abreviar el tema por cuanto serían incontables todas las menciones artísticas al río, tanto en música, canto, pintura y aún más, todo lo escrito en prosa y versos. Tomaremos poesías y estrofas de versos relacionados con lo desarrollado en la primer parte tomadas de poetas destacados pertenecientes a las brillantes generaciones literarias del 98 y el 27, esta última influenciada por Góngora, de quién también citaremos versos.

Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba en 1551 y murió en la misma ciudad en 1627. Estudió y escribió casi toda su obra en Salamanca. Se ordenó sacerdote recién a los cincuenta años y fue capelán de Felipe III. Su poesía es clara representación del culteranismo barroco, pero además, tomó estilo propio que se conoce como gongorismo, muy intrincado, oscuro y difícil de comprender. Varias de sus obras debieron ser explicadas por sus seguidores. (Lo llamaban entre otras mofas, Ángel de las tinieblas.) De todos modos, hasta sus más críticos, entre ellos Quevedo y Lope de Vega, reconocieron su talento. También la posteridad, reconocimiento reflejado en la generación literaria española del 27. (1927)
El río es llamado rey con frecuencia por Góngora. Por ejemplo, en su soneto “A Córdoba” del grupo heroicos, así lo llama:
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas,
de honor de majestad, de gallardía.
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . .. . . .
En una de sus “Canciones”, grupo de las amorosas, lo llama Betis y al nombrarlo hace una aclaración entre paréntesis: (el Betis río, y rey tan absoluto, / que da leyes al mar, y no tributo) También en “Romances” en una poesía del grupo amoroso, repite la idea real sobre el río: Tú, rey de los otros ríos,
que de las sierras sublimes
de Segura al Océano
el fértil terreno mides,
pues en tu dichoso seno
tantas lágrimas recibes
de mis ojos, que en el mar
entran dos Guadalquivires.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

La generación literaria española del 27, por lo menos en sus primeros y más sobresalientes componentes —de los muchos que los críticos literarios le asignan— está vinculada al gongorismo y surge al cumplirse el tercer centenario de la muerte del insigne maestro. Entre aquellos destacados escritores de la mencionada generación, podemos citar a José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Dámaso Alonso y a Federico García Lorca, de quien tomaremos unos versos sobre el Guadalquivir. Pero previamente haremos una breve referencia sobre su vida.

Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, pequeño pueblo de la provincia de Granada en 1898. Fue este célebre y talentoso poeta, autor de conocidas comedias como Doña Rosita la soltera y las no menos conocidas y famosas tragedias tales como, Bodas de sangre; Yerma y la Casa de Bernarda Alba. En 1936 murió fusilado en Viznar, Granada, por los falangistas, por su militancia republicana. En su libro “Poema del Cante Jondo” incluye “Baladilla de los tres ríos “ donde compara al Guadalquivir con dos ríos que bajan de Granada.

1ra. Estrofa: El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
Bajan de la nieve al trigo.
¡Hay, amor
que se fue y no vino!
2da. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
3ra.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
4ta. Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques
¡Hay, amor
que se fue por el aire!

¡Quien diría que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
¡Hay, amor
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivos,
Andalucía, a tus mares.
¡Hay, amor
que se fue por el aire!
– – o – –

De los ríos comparados en estos versos, aparte del Guadalquivir, conocemos el Genil. El Dauro, Duero, nombre derivado del portugués, río do ouro, que delata el arrastre de arenas con oro, es otro de los principales ríos españoles. Este río es al que hace referencia indirecta Góngora al señalar que las arenas del Guadalquivir no son doradas en “¡Oh, gran río, gran rey de Andalucía, / de arenas nobles, ya que no doradas!”

Antonio Machado Ruiz nació en Sevilla en 1875 en el Palacio de las Dueñas. Murió en un hotel de Collioure, pequeño pueblo de la Cataluña francesa en febrero de 1939, después de estar muy enfermo y al mes de cruzar la frontera hacia al exilio, al final de guerra civil por su compromiso republicano. Fue poeta de la generación del 98 junto con Azorín (José Martínez Ruiz), Pío Baroja, Miguel de Unamuno y Ramón María del Valle Inclan, entre otros. Algunas de sus poesías son cantadas por el catalán Juan Manuel Serrat. Su hermano Manuel también fue poeta y realizaron algunos trabajos juntos.
En “Canciones de tierras altas” (CLVIII) que forma parte de “Nuevas Canciones”, sus versos indican que se encontraba en un lugar de la vega del Guadalquivir, con su orla de naranjales, olivares y plantíos frutales característicos del valle andaluz. Desde allí recuerda a la ciudad de Soria situada a orillas del río Duero en la que pasó varios años de docencia.:
(V)
Soria de montes azules
y de yermos de violeta
¡cuántas veces te he soñado
en esta florida vega
por donde se va
entre naranjos de oro,
Guadalquivir a la mar!
– – o – –

Del mismo libro, en “Proverbios y Cantares” (CLXI), dedicado a José Ortega y Gasset, en un poema (LXXXVII) hace referencia al nacimiento y final del río.
¡Oh! ¡Guadalquivir!
Te vi en Carzola nacer;
Hoy en Sanlúcar morir.
– o – –

Álvarez Quintero, Serafín y Joaquín fueron dos hermanos sevillanos que han firmado sus comedias —y también poesías— conjuntamente. Nacieron en Utrea en 1871 y 1873 respectivamente. Sus obras recibieron críticas del alto nivel literario de la generación del 98 por demasiado naturalistas. Sin embargo, sus comedias costumbristas y pintorescas contaban con el reconocimiento de un amplio público por cuanto representaban la gracia de los andaluces. Llegaron a escribir más de doscientos libretos y a ser miembros de la Real Academia Española. Para muchos debe considerárseles como escritores pertenecientes a la generación del 98, a pesar de las críticas del núcleo más refinado. Ambos fallecieron en Madrid, Serafín en 1938 y su hermano Joaquín en 1944. De la producción literaria poética, hemos tomado una hermosa página en versos, que titularon “Guadalquivir”- y prologan: “En su nacimiento, en Carzola” que es un canto a la geografía, la historia y salida del río al mar”.

¡Detente aquí, viajero! En estas peñas
nace el que hoy es y será rey del de los ríos,
entre pinos gigantes y bravíos,
que arrullan su nacer y ásperas peñas.

El reflejo otro tiempo las enseñas,
las armas, los corceles y atavíos
de razas imperiosas, cuyos bríos
postráronse en sus márgenes risueñas
ensancha entre olivos y trigales,
y al mar corre a rendirle sus cristales.

Mas como lleva sal de Andalucía,
sus aguas vuelve a las del mar iguales,
para llegar más lejos todavía.

Y así van sus caudales,
Triunfante en el seno de la olas,
A las playas de América Española.
– – o – –
Muchos más poetas y versos podrían acompañar esta minuta, pero simbólicamente los hemos representados con estos altos exponentes de las letras españolas.
Fin.
Bibliografía.

Cabo, Ángel. “Condicionamientos Geográficos” en “Historia de España Alfagua I,
//Madrid, Alianza, 1975.
Ribera, Pedro. “Edades Antigua y Media“ en “Historia de España” de Enciclopedia Labor. //Barcelona, Labor, 1962.
Igual Ubeda, Antonio “Edades Moderna y Contemporánea” en “Historia de España” de //Enciclopedia Labor. Barcelona, Labor, 1962.
Góngora y Argote, Luis de. “Antología Poética”. Bs.As., Hyspamérica, 1984.
García Lorca, Federico. “Antología Poética” Madrid, Edaf, 1981.
Machado, Antonio. “Obras. Poesía y Prosa”. Bs.As., Losada, 1997.
Álvarez Quintero, Serafín y Joaquín. “Obras Completas” Madrid, Espasa-Calpa, 1947/48.
González Porto–Bompiani. “Diccionario de Autores” Barcelona, Montaner y Simón, 1963.
Enciclopedia Universal Ilustrada – Europeo Americana. Espasa Calpe. Madrid, s/f.
Selección y composición: Ernesto Del Gesso.

La cachila, pájaro popular en la sociedad rioplatense.

julio 12, 2008

Cachilo, cachila, cachirla y correcaminos son los nombres zonales que reciben en la región rioplatense unos pájaros —denominación de las aves pequeñas— del medio rural y suburbano, aún cuando de éste último ya casi han desaparecido. Pertenecen a la Familia Motacillidae de la que se conocen en el mundo cincuenta y cuatro especies y de las cuales hay ocho en Sudamérica y todas habitan en Argentina. En Uruguay hay cuatro. A pesar de las similitudes de los ejemplares, confusiones populares e incluso diferencias entre los autores, las especies, dentro de sus generalidad están, lógicamente, diferenciadas.

En lo general habitan en espacios abiertos, en áreas rurales, en pastizales cerca del agua, labradíos, rastrojos y también zonas de arbustos. Miden entre 11 y 15 cm y sus colores varían en el dorso entre pardo, rojizo y agrisado y presentan estrías, rayas negras, en algunas especies, blancas. El pecho puede ser amarillo, blancuzco u ocres con manchas pardas. Hay especies de aspecto semejante al gorrión, otras al chingolo, como el cachilo ceja amarilla.

En particular los de la especie Anthus, son terrícolas, anidan en el suelo y caminan, no saltan, son miméticas y sólo realizan vuelo nupcial, elevándose velozmente y dejándose caer en planeo cantando. La cachirla chica produce un largo zumbido “chiiiii” (Anthus chii). Otras especies como el cachilo canela (Darracospiza albipons) vuelan en pequeños trechos y andan siempre en pareja. Algunas especies habitan hasta el sur del país, otras sólo hasta Santa Fe, caso del cachilo coludo grande que se posa y mece en las delgadas varillas de los pajonales

Lamentablemente algunas especies se encuentran en vías de extinción. Quedan pocos campos vírgenes. Por suerte con la creación del Parque Nacional de Mburucuyá, en Corrientes, con zonas de pajonales y pastos autóctonos, región de gran habitat de estos pájaros, si se concretan las gestiones y proyectos para evitar la desaparición de la flora y fauna autóctona, se logrará la recuperación de estos pájaros y muchos otros animales.

El título de este trabajo lo determina con claridad en el ámbito de las ciencias sociales. Su objetivo es destacar la múltiple introducción en el habla coloquial rioplatense de uno de los nombres de los pájaros descriptos en los párrafos anteriores. Para tal descripción, con temor, debí inmiscuirme en bibliografía de la ornitología para intentar una mejor ubicación de las pequeñas aves, cuyo uno de sus nombres motiva la presente minuta.

De los varios nombres citados el de “La cachila” es el que más introducción popular ha tenido en la población de la región del Río de la Plata principalmente en Uruguay. Allí se lo ha tomado para denominar un amplio espectro de aspectos de la vida social, tales como una conocida estancia o un club de rugby, varias veces campeón de la liga uruguaya. En Montevideo y también en Buenos Aires, a los autos viejos, desvencijados, muy particularmente los primeros Ford T, cuando se iba produciendo el avance de nuevos modelos, en lenguaje popular y vulgar (no lunfardo) se les llamaba cachilas, costumbre ya en desuso.

En la Argentina, hasta mediados del siglo que acaba de terminar el término era popular a través del tango de la guardia vieja “La cachila” de Eduardo Arolas aún cuando fuera estrenado en Montevideo alrededor de los año 20. La fecha que se cita generalmente es 1921 por ser ese año el de la primera grabación fonográfica realizada en Buenos Aires por la orquesta de Roberto Firpo.

El porque de lo incierto de su estreno nos introduce en aquel sub mundo del ambiente del tango donde éste era sólo una parte. El marco histórico es el de la avalancha inmigratoria y el de las exportaciones agropecuarias masivas y el marco geográfico el triángulo de las ciudades portuarias, Buenos Aires, Rosario, Montevideo. Tampoco es claro el origen del nombre dado al tango, en su origen sin letra, siendo uno de las posibles motivaciones una cachila que tenía Arolas que al margen de nuestro tema, tuvo que ver mucho en su vida.

“La cachila” también es tema de poesía y de una pluma intelectual Argentina como la de Leopoldo Lugones que tuvo cambiante y controvertida posición política, pero que nadie discute sus cualidades literarias tanto en los temas clásicos como en los de tradición Argentina. Muchos de éstos de gran sencillez y dedicados a la naturaleza, allí los pájaros tienen sus versos, El martín pescador, El hornero, La torcaz, El picaflor y al nuestro, La cachila:

Un gemidito titila
Por el aire, donde en vilo,
Como colgada de un hilo
Va subiendo la cachila.

Allá cerca ha hecho su nido,
De la huella que en el barro
Deja la mula del carro
Al pasar cuando ha llovido.

Y así el pajarillo blando
Entre el riesgo y el trueno
Vive volando y gimiendo,
Muere gimiendo y volando.

Fin
Fuentes:
Narosky, Tito con Izurieta, D. “Guía para la investigación de las aves de Argentina y Uruguay”
/ Bs.As., Vazquez Mazzini Editores, 1988.
Canevari, Pablo con Narosky, T. “Cien aves Argentinas” Bs.As., Albatros, 1995.
Blanco, Victoriano S. “Los pájaros y su mundo maravilloso” Bs.As., Cosmopolita, 1985.
Autores varios “Nueva Guía de las Aves Argentinas”Bs.As. Fundación Acindar, 1991.
del Priore, Oscar e Irene Amuchástegui “Cien tangos fundamentales” Bs. As., Aguilar,1998.
Loriente, Horacio. “Ochenta notas de tango” Montevideo, Ed. de la Plaza, 1998.
Literatura general y antologías sobre Lugones.
Selección y composición: Ernesto Del Gesso.

Bécquer: Esas… ¡No volverán!

abril 16, 2008

Entre los muchos hombres de letras que ha brindado España a la literatura universal Gustavo Adolfo Bécquer ocupa un lugar entre los escritores de las postrimerías del romanticismo y como claro exponente del intimismo. Nació este poeta en Sevilla en 1836, hijo de un pintor que cambió su apellido español por el foráneo de Becker que quedó en Bécquer. Con uno de los ocho hermanos —Valeriano— que fue pintor y autor de uno de los retratos más conocidos de Gustavo Adolfo, tuvo plena fraternidad hasta la muerte de ambos, casi simultánea.

Cuando Bécquer murió era desconocido más allá de algún círculo literario y como fue común entre los artistas románticos, se fue a la tumba triste y enfermo. Triste, porque hacía tres meses había fallecido Valeriano, sostén espiritual de su difícil equilibrio emocional, máxime en un momento que parecía haber alcanzado un estado de felicidad. Se había reconciliado con su esposa y se había reunido con su hermano en Toledo para ambos trabajar en una revista en la que habían sido contratados.

Preparó sus obras completas en las que repetía de memoria sus perdidas rimas originales en un intento de edición frustrada. Estaba enfermo de tuberculosis desde varios años atrás, pero no se sabe con certeza si murió de este mal o una derivación del mismo. Fue el 22 de diciembre del año 1870 en Madrid. Muchos años después, en el período modernista de fines del siglo y principios del XX, fue reconocido su talento poético.

No sólo en poesía fue su obra, en prosa ofreció “Ensayos”; “Leyendas”; “Cartas literarias a una mujer” en la que expresa sus teorías sobre la poesía y el amor. “Cartas desde mi celda”, celda de convento, que son narraciones paisajistas y unos escritos breves que en sus obras completas, edición póstuma de sus amigos, se agrupan como “Esbozos” que según algunos autores, ”Las hojas secas” escrito poco tiempo antes de morir, sería un presagio. El tema, un diálogo de hojarascas, y su relación con lo humano es tétrico, en verdad se vive la muerte.

Pero su fama está ganada con las rimas, poesías breves de exquisita sencillez. Las rimas numeradas son ochenta y ocho más cinco con título. En los índices de las ediciones las individualizan con números romanos y las titulan con el primer verso. Sus temas son la poesía misma y principalmente el amor en todas sus facetas, desde la felicidad que brinda permitiendo expresarse con dulzura y destacar la belleza, como esta 2da. estrofa, fragmento de la rima XIII:

Tu pupila es azul y cuando lloras
Las transparentes lágrimas en ella
Se me figuran gotas de rocío
Sobre una violeta.

Pasando por el dolor y la desilusión, que se expresa en la XXXVIII de sólo cuatro versos:

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿Sabes tú donde va?

Y luego la soledad, expresada en la1ra y 2da. estrofa de la LIII, aquella de…

Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón sus nidos a colgar,
Y otra vez con el ala a tus cristales
Jugando llamarán;

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha al contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres
Ésas… ¡no volverán!
………………….. o ………………….

Bibliografía:
Bécquer, Gustavo Adolfo. “Obras completas” Bs.As., Anaconda, 1950.
Bécquer, Gustavo Adolfo. “Rimas y poemas” Barcelona, Edicomunicación, 1994.
Gran Espasa Ilustrado. Diccionario Enciclopédico. Madrid, Espasa Calpe, 1998.
Cárdena, Eduardo. 20.000 Biografías Breves. Hanover, Pennsylvania, USA, 1963.
Selección y composición: Ernesto Del Gesso. ernestodelgesso@hotmail.com

Setenta balcones y ninguna flor.

abril 16, 2008

El título de la minuta es el de una un verso de una poesía que en la Argentina es emblemática. El poeta es Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno que nació en Buenos Aires en 1886 y falleció en la misma ciudad en 1950. Hijo de comerciantes españoles pasó parte de su infancia en Santander. De regreso a la Argentina, estudio y se doctoró en medicina en su ciudad natal. Trabajó como médico rural en pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Entre ellos, debe destacarse su estada en Chascomús, localidad célebre por la laguna del mismo nombre, típica del área pampeana. Este pueblo, aparte de mucha historia, aportó un presidente a la nación: Raúl Alfonsín (1983/1989). Para el autor de los versos que tratamos, Chascomús fue muy importante para su vida, allí conoció a Delmira del Carmen López Osorio, con quien se casaría en 1919. Será la “Negrita” de sus poemas.

Su primer libro editado en 1915 “Las iniciales del misal” fue elogiado por Jorge Luis Borges que calificó al autor de revolucionario porque había mirado a su alrededor. Crea el sencillismo. Tendrá entre sus temas el ámbito de su vida real, la ciudad, el pueblo, el campo y el hogar. Esto era un retorno a un puro romanticismo, pero aún más, era una audacia para una época que el mundo y los poetas estaban atentos a la luminosidad y la pompa, mientras que lo muy conocido, lo que más cerca se hallaba del hombre, se dejaba de lado. Esto fue lo que Baldomero Fernández Moreno poetizó. Muchos de sus versos fueron escritos en los cafés, y quizás, en alguno de ellos, en 1917, entre otros de su libro “Ciudad” escribió:

“Setenta balcones y ninguna flor”

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor…
A sus habitantes Señor, que les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán al ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…
Setenta balcones y ninguna flor.
———
Bibliografía:
—Benedetti, Mario. En Selección y Prólogo de “Elegía de Alondra” – Poemas inéditos de Baldomero Fernández Moreno. Bs.As., Seix Barral, 1998.
—Becco, H.J. e Iturralde, N.D. en Selección, introducción…de “Obra poética” de Baldomero //Fernández Moreno – Antología. Bs. As., Huemul, 1969.
—Carilla, Emilio. “Genio y figura de Baldomero Fernández Moreno” B.A., Eudeba, 1973.
Selección y composición: Ernesto Del Gesso – ernestodelgesso@hotmail.com

Lucía Miranda

febrero 7, 2008

Lucía Miranda es una conjunción de nombre y apellido de muy buena consonancia que hace agradable su mención y que ha sido muy vocalizado durante cierto tiempo por actores y en tertulias, amén de las veces que fue escrito. Hoy el tema que hace al nombre, sólo es conocido por historiadores, investigadores literarios y de teatro. Será grato recordarlo con ayuda de bibliografía de las tres disciplinas mencionadas.

Lucía Miranda es el personaje de una serie de obras para teatro del género tragedia y literatura en la Argentina, cuyo argumento esta basado en una supuesta historia. La seudo historia, no es más que una leyenda que surge como parte de crónicas y relatos de los acontecimientos ocurridos durante la época de conquista y colonización española en el Río de la Plata. Pero, paradójicamente la leyenda es muy histórica, tanto que su mismo relator es un personaje histórico. Se trata de Ruy Díaz de Guzmán, considerado el primer historiador de la región del Plata, que en esa época comprendía los ríos Uruguay, Paraná y Paraguay, cuyo eje operativo era Asunción del Paraguay.

Ruy (Rui o Ruiz) Díaz de Guzmán nació, vivió y murió en Asunción entre 1554 y1629. Su padre fue un español sobrino de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el segundo Adelantado del Río de la Plata, después de Pedro de Mendoza. Su madre, Úrsula, era una mestiza distinguida, hija de Martínez de Irala, el varias veces gobernador de Asunción, habida con una indígena, por lo que a nuestro hombre se le considera mestizo.

A Díaz de Guzmán bien podemos domiciliarlo en Asunción, pero en realidad durante casi toda su vida, recorrió prácticamente todas las regiones del Perú al Río de la Plata, y los viajes y estadías en muchos casos deben contarse por años, participando en conquistas, fundaciones y colonizaciones. Basándose en relatos, comentarios y experiencias propias, escribió una crónica histórica —a su modo de concebir la historia— desde los descubrimientos de los ríos llamados de la plata, creyendo que los llevarían a las fuentes de plata y oro, hasta la fundación de Santa Fe en 1573. (Corrido el lugar unas leguas hacia el sur, será la actual capital de la provincia de ese nombre en la República Argentina)

A pesar de todos los defectos, ya sean anacronismos o inclusión de versiones inverosímiles, tiene valor histórico. Sirvió como fuente que fue muy consultada por investigadores que a su vez fueron señalando sus muchas falencias. Algunas críticas son demoledoras, otras comprensivas. Su crónica la concluyó en Charcas (Hoy Sucre, Bolivia) en 1612 desde donde la envió a España para el duque de Medinasonia, noble del que fuera secretario su padre, a quien le dedicó sus “Anales del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata”. El trabajo no tiene título de tapa, sino que se toma el que indica en el prólogo. El manuscrito original se perdió a igual que otro ejemplar autógrafo depositado en el cabildo de Asunción.

Las versiones que se conocen son copias posiblemente efectuadas por jesuitas, que le asignaron el título de ”Argentina manuscrita” para diferenciarla del cercano poema “Argentina”, de Martín del Barco Centenera de 1602 ya que esta obra fue impresa en Lisboa. Centenera hace la primera mención al que será el nombre del país que describe su poema, pero el título de la crónica de Díaz de Guzmán como sabemos es apodado y no estuvo en la mente del autor.

El marco geográfico y la época histórica del tema ya han sido señalados en forma relativa. Puntualmente, el lugar y fecha de los hechos de la leyenda, se localizan en el fuerte “Sancti Spíritus” fundado por Sebastián Gaboto un 9 de junio de 1527 cerca de la desembocadura en el Paraná del río Coronda que incluye las aguas que a poca distancia, le vierte el Carcarañá. Sin embargo, en general, se lo ubica en la supuesta confluencia del Carcarañá con el Paraná (a unos 30 Kms. al norte de la actual ciudad de Rosario). Fue este fuerte el primer asentamiento español en la región , destruido e incendiado por los indios a fines de agosto de 1529. En ese contexto de tiempo, espacio y hechos surge la leyenda.

La crónica de Díaz de Guzmán no sólo difiere en fechas, sino que los personajes nunca existieron, pero para él fueron reales. Debe tenerse en cuenta que sus fuentes fueron orales y muchas proveniente de indígenas. Por otra parte, el nivel de racionalidad de los tripulantes y jefes conquistadores, y por ende la cultura que recibían los mancebos de la tierra, tenía mucho de resabios medievales. No olvidar que llegaron a “ver” amazonas y gigantes patagones influenciados por las novelas de caballería medieval, que justo por la fecha de esta crónica las ridiculizara Cervantes con su “Don Quijote de la Mancha”.

Existe abundante bibliografía sobre el tema por la variedad de versiones sobre el origen, la leyenda misma, análisis literarios y crítica a las representaciones teatrales que abrían la polémica. La leyenda es conocida como la de Lucía Miranda, pero el cacique Siripo pasará a ser personaje principal a través de la famosa obra teatral de Lavardén. Desde 1718 hasta 1864 se cuentan seis representaciones históricas documentadas en Buenos Aires y dos novelas de fines del siglo XIX y primer tercio del XX.

El escritor y poeta argentino Manuel José de Lavardén, autor de la famosa “Oda al Paraná” tomó la leyenda y la adaptó para guión de una obra teatral titulada “Siripo” que fue estrenada en los carnavales de 1789 en el “Teatro de la Ranchería”. El histórico teatro no tuvo suerte de continuidad. Se había inaugurado en 1783, se cree un 30 de noviembre (día instituido como del teatro argentino) y en 1792, un 15 de agosto, un cohete disparado desde una iglesia en celebración de una festividad religiosa (Asunción de la Sanísima virgen) cayó sobre el techo y lo incendió. Los restos del teatro fueron demolidos. Allí estaba el texto del libreto de “Siripo”.

El tema central original —al margen de la variedad de versiones— es el amor pasional del gran cacique de las tribus timbúes Mangoré y su hermano y sucesor Siripo, por una mujer española —Lucía Miranda— esposa del capitán Sebastián Hurtado de la dotación del fuerte que terminó en tragedia. La proposición de Mangoré fue rechazada por Lucía Miranda que huía de su asedio. Por el desaire el jefe indio propuso a su hermano Siripo la destrucción del fuerte alegando la ocupación y dominio de sus tierras. El fundamento hizo aceptar la idea y la trama con que se logró ejecutar con éxito la idea.

La trama era aprovechar la salida de españoles a explorar o buscar alimentos y entrar al fuerte ofreciéndolos como regalos. Así Mangoré ingresó y se quedó en el fuerte con un grupo de indios. Demás está relatar que por la noche asaltaron a los guardias y abrieron las puertas dando lugar al ingreso de los que con Siripo acechaban esperando el momento. La sorpresa permitió una matanza general de españoles, salvo que el ideado personaje a cargo del fuerte, enfrentó a Mangoré y lo mató antes de caer también él herido de muerte. Sólo se salvaron unos jóvenes perdonados y las cinco mujeres del fuerte, entre ellas Lucía Miranda, que Mangoré pensaba tomar por cautiva o esposa.

Pero desde ese momento será cautiva de Siripo, que al verla se enamoró también de ella. Hasta aquí podemos considerar lo sucedido como primera parte del drama. Sebastián Hurtado, el marido de Lucía Miranda era de los que habían salido a navegar y regresó a los pocos días, observó el desastre y se arriesgó a bajar a tierra para buscar el cadáver de su mujer, al no hallarlo se presentó a los indios y Siripo lo sentenció, pero Lucía Miranda, ahora esposa del cacique, le imploró el perdón, que le fue concedido.

Sebastián Hurtado para estar cerca de su mujer, pidió quedarse en la tribu y una mujer a cambio, que Siripo le concedió. Pasado un tiempo Lucía y Sebastián se encontraban y no tardó el cacique en enterarse por delación de otra esposa india. Siripo no pudo comprobarlo pero la duda por el engaño lo enardeció de ira. Ordenó a sus indios saetar contra un árbol a Sebastián Hurtado y a morir en la hoguera a la española. Creemos que aquí hay que bajar el telón a la leyenda de Lucía Miranda.

Fin.

Bibliografía:
Anderson Imbert, Enrique. “Historia de la literatura hispanoamericna” Méx., F.C.E. 1979.
Arrieta, Rafael Alberto. “Historia de la Literatura Argentina” T. 1 Bs.As., Peuser, 1958.
Boldori, Rosa. “La identidad cultural del Mercosur” Bs.As., Ciudad Argentina, 2002.
Castagnino, Raúl H. “A dos siglos del Teatro de la Ranchería” en “La Nación” 27/11/83.
Cosmelli Ibáñez, José Luis. “Historia cultural de los argentinos” Bs.As., Broquel, 1975.
Gianello, Leoncio. “Historia de Santa Fe” Bs.As., Plus Ultra, 1978.
Díaz de Guzmán, Ruy. “Anales….”. “Argentina manuscrita” en “Colección de obras y //documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la //Plata” Tomo I. Edición de 1836 por Pedro De Angelis. Bs.As., Plus Ultra, 1969.
Ordaz, Luis. “Breve historia del teatro argentino” T. 1. Bs.As., Eudeba, 1962.
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Soler, Amadeo P. “Puerto Gaboto” Edición del autor. Rosario, mayo de 1980.
Wast, Hugo. (Martínez Subiría) “Lucía Miranda” Bs.As., Ed. H. Wast, 1929. (Novela)
Selección y composición: Ernesto Del Gesso. ernestodelgesso@hotmail.com

Amazonas, mito y toponimia americana..

enero 17, 2008

Mitología. California. El río Amazonas.

El mito de las amazonas tiene su origen muchos siglos antes de la era cristiana, quizás un milenio. Mantuvo su vigencia por toda la antigüedad, el medioevo y entró en los primeros años de la modernidad. Siendo el descubrimiento de América unos de los hitos de la coyuntura medieval-moderna tendrá su presencia en el nuevo continente.

Mitología.

Las muy variadas versiones de los mitos de las amazonas, en general tratan desde el origen del nombre, lugar de asentamiento (en todos los continentes conocidos en la antigüedad) , toponimia, hechos, batallas, reinas, etc. en las que pesa el problema de las traducciones e incluso el de las contradicciones. Por lo tanto, este trabajo toma las más clásicas fundamentada en la bibliografía que se cita al final de esta minuta sobre el tema.

El término amazona viene del griego a-mazón, sin pecho, porque la leyenda explica que estas mujeres se extirpaban un seno para mejor dominio del arco y la flecha. Vivían en poblaciones o tribus sólo de mujeres que se reunían periódicamente con hombres para procrear, criando sólo a las niñas. Los niños varones eran entregados a las tribus vecinas de las que provenían sus ocasionales parejas o los eliminaban según la versión más cruel.

La aparición en la historia de las amazonas es a través de la Ilíada, pero no en la versión original atribuida a Homero, sino como agregado posterior, ya sea por discípulos, en el caso de la existencia de este aedo, o bien como introducción tardía como uno más de los cantos épicos que componen esa especie de Biblia de la Grecia arcaica que, en parte, resultaron ser historia. Según aquella historiografía —que incluye mitos y leyendas— este pueblo se asentaba sobre las márgenes del río Termodonte en la región de Capadocia, situada en la costa sur del entonces Ponto Euxino, el actual Mar Negro.

La región se ubica en la península de Anatolia que hoy se conoce como Asia Menor, actual territorio de Turquía, que también tiene costa sobre el mar Egeo frente a Grecia. En este mar, las ruinas de isla y ciudades costeras colonizadas por griegos en la península asiática, se han encontrado murales con distintas representaciones de amazonas que demuestra la gran expansión del mito en sus diferentes versiones. De la antigua ciudad de Efeso en esa región, se dice que es toponimia de una reina. Aquella polis fue famosa por su templo a la diosa Artemisa a la que, entre otras divinidades, hay quienes la consideran también de las amazonas.

En la versión de la Ilíada, después de la destrucción de Troya, enfrentaron a los griegos pero fueron vencidas. Aquiles mató a su reina, Pentiselea. Lloró sobre su cadáver al verla tan joven y bella, y es más, de un golpe de puño mató al inoportuno guerrero aqueo Tersites por reírse de sus lágrimas.

Otra versión las relaciona con Heracles, el héroe mitológico griego que entre otras hazañas son famosos los doce trabajos. Uno de éstos —octavo, noveno o décimo según diferentes autores— fue el apoderarse del ceñidor o cinturón mágico de la reina amazónica Hipólita que lo había recibido de Ares, el dios de la guerra. A pesar de ello, fue vencida y muerta en la lucha. Heracles y Ares son Hércules y Marte, respectivamente para los romanos.

Heródoto, (484+425 a C), al que Cicerón (106+43 a C) llamó el padre de la historia, en su IV libro de “Los nueve libros de la historia” relata que tras la invasión al Ática, para rescatar a la reina Antíope, hermana de Hipólita raptada por Teseo, en una aventura en la tierra de éstas para emular a Heracles, al ser rechazada la invasión las hace llegar a la tierra de los escitas según veremos, porque aquí cabe aquí una digresión. Estas mujeres siempre fueron vencidas por los griegos, en la mitología de éstos, jamás aparecerían como vencedoras, son mitos creados por ellos y además por hombres.

El historiador griego explica que en su fuga se apoderaron de unos barcos que no sabían dirigir, y los vientos las llevaron a la tierra de los bárbaros escitas en la costa norte del Ponto Euxino. La versión de Heródoto tiene mucho de romántico. En efecto, si bien no lo señala específicamente, se deduce que desaparecen como pueblo de sólo mujeres, por cuanto se unen a un grupo de escitas que deben abandonar su tribu y formar un nuevo pueblo con ellas. De esta unión devendrían los sármatas que dieron nombre a la Sarmacia, región sobre el amplio golfo al norte del Ponto, que, encerrado por la península de Crimea, lo transforma en el Mar de Azov.

Estos y otros mitos relacionados con amazonas fueron llevados a la tragedia por Esquilo (525+456 a C), considerado el padre de la tragedia griega. En “Las Euménides” la última de la trilogía “La Orestíada” relata aquella invasión de amazonas al Ática para rescatar a la reina Antíope, raptada por Teseo, quien la hará su esposa, naciendo de esta unión, Hipólito.

Ya en tiempos modernos, el célebre dramaturgo francés Jean Baptiste Racine (1639+1699) en su drama Phèdre evoca a la reina amazona Antíope, y a su hijo Hipólito, que será víctima de argucias de Fedra. Aparte de las obras para tablas, de las amazonas se encontrarán, muchísimas representaciones escultóricas y pictóricas realizadas por artistas de todas las épocas. Además, hasta fines del medioevo y principios de los tiempos modernos, hay relatos de haber sido vistas en todos los continentes, pero… ninguno pudo ser confirmado. ¡Qué pena!.O ¡Que imaginación!

El mantenimiento del mito hasta los tiempos señalados, coincide con el descubrimiento de América y debe descartarse que el nuevo continente tenga sus amazonas. Se las supuso en regiones del norte, al oeste, sobre el Pacífico, en la península de California. En el sur, con tanto convencimiento, que los primeros exploradores del gran río brasileño que vuelca sus aguas al Atlántico lo bautizaron Amazonas. Hay más versiones, hasta Colón las cita. Pero aquí sólo nos ocuparemos de como se gestaron las toponimias amazónicas mencionadas.

California.

En las regiones americanas el mito aflora entre la historia del descubrimiento, conquista y colonización española. En el caso de California, no estará de más, para ubicarnos en lo que era la California original y las actuales, introducirnos también, someramente, en la historia ya de países americanos.

Fue Hernán Cortés quien en 1533, descubrió la península de California creyéndola una isla, pero en 1539 Francisco de Ulloa recorre el golfo y comprueba que en realidad era una península, con la característica de ser una lengua de tierra de 760 Kms. que se entiende paralela al mar y al continente formando entre ambos, un estrecho y también largo golfo en cuyo fondo desemboca el río Colorado que viene del llamado Gran Cañón del Colorado en el estado de Arizona de los Estados Unidos.

La península y tierras al norte nominadas California eran Territorio Interior del Virreinato de la Nueva España, con capital en Monterrey. México, lo heredó de España tras su independencia, aún cuando el hecho fue tardío en la zona. No llegaron hasta allí los intentos revolucionarios populares e indigenistas de los curas Hidalgo y Morelos. Sólo el de los criollos encabezado por Iturbide tuvo efecto en la zona.

Con el tiempo comenzó una nueva historia vinculada con la idiosincrasia y poderío de los vecinos del norte. México sólo tenían un dominio nominal sobre esta parte de su vasto territorio ocupado por indígenas y colonos norteamericanos. El problema empezó con Texas, donde los colonos norteamericanos se independizaron y propusieron incorporarse a los Estados Unidos. México no lo acepta y tras la guerra entre 1845 al 48 en intento de defender la posesión, termina perdiendo casi el 50% de su territorio original..

Las tierras perdidas del noroeste hasta el Pacífico son los actuales estados norteamericanos de Colorado, Nuevo México, Utah, Arizona, Nevada y California. De California, México conservó la península que recibirá el nombre de Baja California y el golfo. La región al norte de la península será la Alta California, que actualmente la ocupa el estado de California de los Estados Unidos.

Después de la extensión histórica geográfica para ubicarnos en la situación actual, volvamos al marco histórico original donde se plateó la fábula amazónica. El origen del nombre California estuvo siempre vinculado a ideas de países fantásticos y una de las primeras menciones sobre estos aparece nada menos que en la famosa Chanson de Roland, cantar de gesta que relata un hecho del siglo VIII en el paso pirenaico de Roncesvalle.

Allí Rolando, sobrino de Carlomagno, muere en la batalla y el emperador lo despide haciendo alusión a reinos y países que lo atacarán y concluye nombrando uno fantástico, Califerne, término que para algunos autores puede ser considerado como antecedente de California, por cuanto reaparece en el siglo XVI en una de la más famosas novelas de caballería española. Es en “Las Sergas de Esplandian” de Garci Rodríguez de Montalvo, o Garci Ordóñez de 1505, donde aparece California derivado del término Califerne.

El propio descubridor, Hernán Cortés y sus hombres, fueron los que expandieron la creencia que la supuesta isla era la ínsula de Espladián. Insula es un latinismo de isla, usado por Cervantes en su Quijote ridiculizando esta literatura. Además, agregaron que estaba habitada por un pueblo sólo de mujeres liderado por una reina llamada Calafia. No cabe duda de la influencia del mito de las amazonas en la toponimia de la región.

La California de las amazonas y riquezas fabulosas, es la Baja California cuando fue creída ínsula, pero la California que el mundo moderno conoce más, es el estado o estrella número 31 de los Estados Unidos. La capital del estado, Sacramento, es una ciudad surgida en la cercanía del lugar del hallazgo del oro, casi a la firma del tratado por el que pasó a territorio de USA. Pero, aparte de su capital está más representado por San Francisco, el Golden Gate, Berkely. Los Ángeles, con su Hollywwod, Beverly Hill, Disneylandia y el centro tecnológico de Silicon Vallery.

Pero también la naturaleza le da su impronta a la Alta California; por el valle central corre la Falla de San Andrés, la que originó los múltiples terremotos que han sucedido, pero también hay naturaleza benigna. Está encuadrada en parques nacionales como el de Yosemite o el de las Secuoyas, los gigantescos y milenarios árboles cuyos ejemplares representan la prodiga naturaleza de California. Por otra parte, no todo lo hispánico se ha borrado, quedan muchas estancias y templos de las misiones, entre otras, San Juan de Capistrano. También queda mucho por destacar de la California donde no había amazonas.

El Amazonas.

En Sudamérica las amazonas también tuvieron su hábitat en las márgenes del río que lleva su nombre. El Amazonas se conforma en la mayor cuenca fluvial del mundo, 7.000.000 de Kms². Las cabeceras del río parten de Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y en Perú se produce el nacimiento directo. Hasta ahora es considerado con sus 6.400 Kms., el segundo río en longitud, después del Nilo con 200 Kms. más, pero nuevos estudios consideran que su naciente no sería el Marañón sino el Ucayali, con lo cual superaría al Nilo en 50 Kms.

En la parte alta recibe el nombre de Marañón, al entrar en Brasil lo llaman Solimoes hasta la confluencia con el Negro, donde se encuentra la famosa ciudad de Manaos y de allí toma el nombre de Amazonas. La desembocadura en el Atlántico forma un estuario de más de 200 kilómetros de ancho. La descarga del material que arrastra ha formado grandes islas y algunas por canales abiertos en la tierra firme como la de Marajó. La magnitud de la fuerza de la corriente dulce queda demostrada al penetrar en el mar donde llega casi a trescientos kilómetros mar adentro.

El haber recibido este río el nombre de aquellas damas, demuestra el impacto que produjo en los hombres que lucharon frente a ellas según veremos en las crónicas del descubrimiento. A igual que en el norte americano, en el sub continente del sur, el mito se encuadra en la historia de los descubrimientos. La expedición que descubrió el río tuvo su origen en las exploraciones que por tierras del Perú realizaba Gonzalo Pizarro, hermanastro del conquistador Francisco Pizarro, con la esperanza de encontrar nuevas fuentes de oro.

En un determinado momento Pizarro regresa al punto de partida que era Quito y continuará la exploración su teniente, Francisco de Orellana. Éste, siguió avanzando por los cursos de los ríos hacia aguas abajo. A medida que avanzaba se dio cuenta que el ancho y caudal de éstos lo llevarían a algo importante. Las corrientes lo lanzaron al que sería el Amazonas. Fueron ocho meses de navegación hasta llegar a la desembocadura en el Atlántico en agosto de 1541. Recaló en las islas del delta, ya conocidas por la navegación en el Atlántico, de allí fue a Cuba de donde partió para España a ofrecer al rey lo descubierto y pedir títulos y derechos. En una siguiente expedición a su río murió de fiebre tropical en 1544.

El cronista que viajaba en la expedición descubridora del río, que en los combates con los nativos, fue herido y perdió un ojo, fue Fray Gaspar de Carvajal. Sus relatos describen la permanente lucha en las márgenes del ancho río que no ofrecía lugar fácil para bajar por alimentos. En cualquier sitio elegido los habitantes costeros se mostraban belicosos, incluidas las mujeres que guerreaban a la par de los hombres.

He aquí un punto importante, del cual, a partir del mismo, es oportuno dar por terminado la permanencia de la creencia fabulosa de los pueblos sólo de mujeres guerreras. Justamente en el más grande homenaje —con el nombre del río— terminará la mística de las amazonas. El nombre dado a esas mujeres por su participación en la guerra, junto a sus hombres, fue acertado en la época por la vigencia del mito. Sin embargo, la actitud de aquellas amazonas, permanece vigente, porque hoy, sin considerarlas amazonas, las mujeres tienen plena participación en los ejércitos modernos.

Epílogo.

Los mitos, entre ellos el de las amazonas, han pasado a ser literatura de aventuras fantásticas para niños y niñas entrantes en la adolescencia. Pero el concepto de amazonas no se ha desprendido de las mujeres. En efecto, el término amazonas se identifica con la de jinetes femeninos. Esta denominación no mítica, es muy antigua, pero toma mayor vigencia en los últimos siglos en el campo social y deportivo, por el ejercicio de la equitación por parte de mujeres, actividad en la que ellas lucen su belleza y elegancia más habilidad y destreza en competencias hípicas.

Fin.
Bibliografía:

Heródoto. “Los nueve libros de la historia” Madrid, Perlao, Páez y Cia., 1909.
Esquilo. “La Orestiada” Barcelona, Planeta De Agostini, 1997.
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Grimal, Pierre. “Diccionario de mitología Griega y Romana” Bs.As., Paidos, 2005.
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Grant, Michael. “Historia de la Cultura Occidental” Madrid, Guadarrama, 1975
Hilton, Sylvia L. “La Alta California Española” Madrid, Mapfre, 1992.
Rubio Recio, J. M. “El amazonas” Madrid, Anaya, 1988.
Selección de documentos referentes al descubrimiento de América, Bs.As., Eudeba, 1964.
Sánchez, Luis Alberto. “Breve Historia de América” Bs.As, Losada, 1972
Séjourné, Laurette. “América Latina” Madrid, Siglo XXI, 1970.
Villalba y Rubio, Fernando. “Diccionario Geográfico Universal” Madrid, Del Aire, 1953.

Florencio Sánchez, autor de “Canillita”

noviembre 17, 2007

Canillita se les llamaba a los repartidores de diarios en Uruguay y Argentina. El apelativo nació en la ciudad Argentina de Rosario como título de una obra teatral de este autor. En Argentina, aún cuando aquella forma de reparto voceada generalmente hecha por jovencitos y niños, ha quedado por suerte en desuso, el 7 de noviembre es el día del canillita en homenaje al día del fallecimiento de Florencio Sánchez. La fecha está institucionalizada por el Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas y sus afiliados cierran sus quioscos y no efectúan repartos.

Florencio Sánchez, nació en Montevideo en 1875 y desde su infancia, por diferentes circunstancias, vivió en varios pueblos y ciudades. En la juventud y temprana adultez, su vida continuó con la característica de tener un breve tiempo de residencia en los distintos lugares en que se instalaba. Así fue en Rosario. Además, los años en los que las personas se asientan en forma generalmente definitiva, no llegó a vivirlos. Murió a los treinta y cinco años en Milán, Italia, un 7 de noviembre de 1910.

Florencio Sánchez llegó por primera vez a Rosario en 1898, según se comenta, con lo puesto, para trabajar como secretario de redacción en el diario “La República” que por entonces dirigía el Dr. Lisandro de la Torre. Vino recomendado por un amigo del que sería el fiscal de la república, que conocía a Sánchez y lo tenía por valiente periodista. Florencio lo era y lo demostrará en Rosario, ciudad también portuaria, que se iba poblando de inmigrantes y le brindaba mucho de lo que su vida pretendía. Aprovechó, los cafés del día y cafetines de la noche para encontrar con quien hablar de anarquismo.

Pero tanto los cafetines de la noche como el anarquismo acarreaban problemas que no le preocupaban a Sánchez, pero no quiso comprometer a terceros y se vio en la necesidad de enviar la renuncia a Lisandro de la Torre. Partió para Buenos Aires donde trabajará en varios diarios. Cruzará a Montevideo y reaparecerá en Rosario por 1902 para trabajar nuevamente en “La República”, que ya no pertenecía a De la Torre.

El nuevo propietario de “La República” mantenía una fuerte polémica con el oficialismo del momento y tenía en Sánchez al hombre combativo que necesitaba, por lo que lo llevó a la dirección del diario. Pero no conocía a Sánchez y cuando el personal del diario se declaró en huelga por negación de aumento de sueldos encontró a su director apoyando a los huelguistas. Así terminó Florencio Sánchez su múltiple actuación en el diario “La República” del que fue cronista, director y huelguista.

Pero Sánchez aparte de periodista también era dramaturgo, aún cuando esa virtud no le había sido descubierta plenamente. Y, mientras, como algún autor señala, que el café con leche salvaba la situación hasta el lanzamiento de “La Época”, nuevo diario que tuvo corta duración, escribió un sainete de costumbres rosarinas que tituló “La gente honesta” y firmó con el seudónimo de Luciano Stein. La obra la tomó Enrique Gil, director de una compañía para representarla en el “Nuevo Politeama” a partir del 26 de junio de 1902.

Pero trascendieron versiones del sainete con representación, no muy gratificante, de gente destacada de la sociedad, que creó preocupaciones que tuvieron su efecto. La policía clausuró el teatro dos horas antes del estreno de “La gente honesta”. El conocimiento del contenido del sainete había asegurado buena taquilla para la obra y la prohibición, como siempre ocurre, hizo popular a Sánchez. Todo esto lo motivó para intentar ocupar un nuevo escenario.

Hurgó en su mente y sus papeles y entre estos últimos apareció “Ladrones” una de sus primeras obras cortas que había escrito para los artistas del Centro Internacional de Estudios Sociales de Montevideo de orientación anarquista. La mejoró artísticamente, la adecuó al ámbito rosarino y agregó un personaje tomado de la vida real, uno de los vendedores de diarios, casi un niño, flacucho de largas piernas que él llamaba Canillita.

“Canillita” se estrenó el 1ro. de octubre de 1902 en el teatro “La Comedia” por la compañía española de zarzuelas de Enrique Lloret. El papel de Canillita lo protagonizó una mujer, Julia Iñiguez, llamada la tiple Iñiguez, por su característica de poseer la más aguda del tipo de voces humanas (propio de las mujeres). La música de fondo estuvo a cargo de un compatriota de Sánchez, Cayetano Silva, que años después compondría la “Marcha de San Lorenzo”. “Canillita” fue un éxito y se representó por dos semana. El término canillita quedó incorporado al lenguaje cotidiano de Rosario, extendiéndose a Buenos Aires, al país y a otros de América, y a la lengua española como argentinismo en los diccionarios.

Al poco tiempo del estreno, Sánchez abandona Rosario para siempre. En Buenos Aires su carrera será casi meteórica, con éxitos años tras años, siendo el primero de ellos en 1903 con “M’hijo el dotor”. En 1904 y 1905 seguirán “La Gringa” y “Barranca abajo” como las piezas más destacadas entre otras que llegan a una veintena de obras escritas en un período de ocho años. Como recuerdo de Rosario presentará “Canillita” y “La gente honesta” pero esta última con nuevo título “Los curdas” transformando el parque Independencia en Palermo y personajes rosarinos por porteños.

En 1907; 1908 y 1909 estrenará tres obras en Montevideo y después partirá a Europa con una representación cultural de la República del Uruguay. Se descuenta que cuando partió ya estaba enfermo. En Italia, su salud se agravó, padecía de tuberculosis diagnosticada por el Dr. Pompeo Saibene, médico rosarino que, con Santiago Devic, fueron las dos personas que estuvieron en Milán junto a su lecho a la hora de su muerte. Evaristo Carriego lo llamará “Ingrato”… “¿Te parece poco que jamás volvamos a encontrar tus huellas?”… “Adiós, Canillita!”.
Fin.

“Fausto” de Estanislao del Campo.

noviembre 15, 2007

Estanislao del Campo, fallecido un 6 de noviembre de 1880,
es autor de una versión gauchesca del “Fausto” de Goethe.

El Dr. Juan (o Jorge) Fausto, fue una persona de existencia real que vivió en Alemania entre fines del siglo XV y mediados del XVI. Los coetáneos que lo conocieron lo calificaban de hechicero, mago, alquimista, en resumen, un ser endemoniado que se decía capaz de hacer milagros como Cristo y que tenía un pacto con el diablo.

Sus historias tomaron magnitud de leyenda cuando murió en 1540 —en plena efervescencia de la reforma luterana— y comenzaron a circular varias historias sobre este embaucador hasta que en 1587 las recopiló Jonathan Spies y las publicó. En poco tiempo le siguió “La Trágica historia del Dr. Fausto” del célebre inglés Christopher Marlowe. A partir de entonces fue motivación para varios autores entre ellos Johann Wolfgang von Goethe (1749+1832).

Goethe transformó la historia en una magistral obra del arte poético y marcó un antes y un después de “Fausto”, obra con la que se lo identifica. El éxito fue logrado al utilizar la leyenda para desarrollar un drama, el del personaje Margarita,.para plantear, a nivel filosófico, la relación de los hombres con Dios. Después, el tema —con diferentes objetivos— fue tomado por autores de la talla de Heinrich Heine; Paúl Valery y el Nobel de Literatura, Thomas Mann.

El argumento del poema plantea que el Dr. Fausto rechazó del diablo los ofrecimientos de riqueza y poder que le ofrecía, porque lo único que deseaba era juventud y vigor para enamorar a Margarita y por ello, le entregará su alma. Esta relación de personajes en la que juega el pacto con el diablo por parte de uno de ellos, es lo que ha identificado a “Fausto” con Goethe, obra que ha sido llevada a la música y a la ópera.

Una de las distintas formas de recrear este “Fausto”, se manifestó en Buenos Aires, Argentina con la representación de la ópera homónima del compositor francés Charles Gounod (1819+1893) realizada en el viejo teatro Colón, frente a la Plaza de Mayo, el 24 de agosto de 1866. A esta escenificación concurrió Estanislao del Campo y se inspiró para su exitosa poesía que escribió en breve tiempo, ya que la primera publicación en el periódico “Correo del domingo”, fue el 30 de setiembre del mismo año.

Este poema, a pesar del título principal “Fausto” no es una nueva versión de la trama argumental de Goethe, sino que desarrolla las peripecias de un gaucho al asistir a la representación de la ópera. Nuestro autor explica mejor el contenido de su obra en el título opcional con la clásica “o” Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera. El lenguaje es típicamente gauchesco y encuadra en la literaria de la poesía de este género del siglo XIX, que a principios del mismo, deja el anonimato a través de Bartolomé Hidalgo (1788+1822), continúa con Hilario Ascasubi (1807+1875) y Estanislao del Campo (1834+1880) y se rematará con José Hernández (1834+1896).

Romualdo Gregorio Estanislao del Campo nació y murió en Buenos Aires entre las fechas señaladas. Fue comerciante, militar —actuó en Cepeda y Pavón— político, periodista y escritor, pero su fama literaria sólo trascendió por el poema que tratamos. Debido a que su amigo Hilario Ascasubi, del que se consideraba discípulo, usaba el seudónimo de Aniceto el Gallo, en reconocimiento a él, asignó a su personaje principal el nombre de Anastasio el Pollo.

Los versos narran desde los problemas para ingresar al teatro, destacando la pérdida del facón y la subida de ciento un escalón para ubicarse en el gallinero, que llama la última estiba de la gente y señala que es donde va la paisanada, interesante reflexión social, hasta su interpretación de la ópera de la que creyó ver un espectáculo de magia y quedó dolorido por el destino de Margarita, que lo dejó por varios días, atacao de la cabeza.
Fin

¡Hola, mundo!

noviembre 15, 2007

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